El espíritu del refinamiento.

Kamo no Chomei renunció al mundo cuando tenía cincuenta años para llevar una vida sencilla en una choza en las montañas, pero no fue allí para seguir el camino como un sacerdote lo habría hecho. Fue a las montañas sólo para vivir apartado de los asentamientos humanos y cultivar libremente su pensamiento, sin las trabas impuestas por el mundo. Por tanto, aunque viviera en una choza de tres metros cuadrados, su forma de vida no era en realidad la de alguien dedicado a practicar el budismo.Sería más adecuado decir que era la forma de vida de una persona refinada.Él mismo describe su morada como sigue:

Al sur añadí un porche de bambú, y en la parte oeste construí una repisa para el agua santa. En el interior, enfrete de la puerta de corredera que daba al norte, instalé una imagen de Amida y colgué la pintura de Fugen junto a ella. En la pared frontera coloqué la Sutra del Loto. A lo largo de la pared este extendí unas brazadas de helechos largos que me servirían de cama por la noche. Al sur y al este hice unos anaqueles en los cuales puse tres bolsas de cuero que contenían libros de poesía y de música, así como fragmentos de escritos religiosos tales como los Fundamentos del renacer de la Tierra Pura. Al lado coloqué un Koto plegable y un biwa[laúd]. Tal es el aspecto de mi choza provisional.

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